martes, 12 de agosto de 2025

Reestructurando

Por fin, y después de demasiado tiempo intentándolo, vuelvo a sentarme frente al ordenador para juntar unos cuantos párrafos. Reconozco que escribir siempre me ha resultado una forma bastante agradable e interesante de expresar lo que tengo por la cabeza, pero la realidad es que en los últimos meses, por aquello de cuadrar entrenamientos, un trabajo a turnos y aquello que a todos va surgiendo en nuestro día a día, lo he tenido bastante abandonado. Algo que no me gusta, pero a lo que no me ha quedado más remedio que agarrarme.


En mi caso, es bastante habitual que me ponga a escribir si una idea clara, y sean las manos y la cabeza las que, por decirlo de alguna manera, redacten por mi la entrada correspondiente. Y hoy, con muchas cosas por contar, pero sin un tema concreto para esta ocasión, creo que va a ser la mejor opción.


Creo que el nombre de este blog, “Diario de un corredor de campo a través”, deja bastante claro cuál es el deporte que practico. Reconozco que acabé aquí de la forma más insospechada, ya que durante un par de años estuve insistiendo en casa para poder competir en bicicleta. Mi objetivo nunca fue el de llegar a ser profesional, pero en aquel momento sí me hubiese gustado llegar a correr en un equipo de la categoría “amateur”. Estamos hablando de una época bastante buena para el ciclismo español, con gente como Samuel Sánchez, Alberto Contador, Alejandro Valverde o Carlos Sastre. Sin embargo, y pese a mi insistencia, en casa siempre recibía un no por respuesta. Mi padre, cicloturista de toda la vida, había rodado en pelotones lo suficiente como para saber cuáles son los peligros que ello conlleva cuando se hace en competición, por mucho que no sea a nivel profesional.


Viendo la negativa, se me pasó por la cabeza que si muchos ciclistas corrían en invierno, por qué no comenzar a hacerlo yo dentro de algún club o escuela de atletismo y tener así, al menos, opción de competir en algún deporte, aunque no fuera exactamente en el que yo llevaba dos años queriéndolo hacer. ¡Y bendita la hora! Siempre digo que acabar en un club de atletismo y de tener la suerte de hacerlo con un ex atleta veterano de cierto nivel como entrenador (de aquella, las lesiones ya habían obligado a Teo a dejar de lado la práctica deportiva) fue una de las mejores decisiones que he podido tomar. Me encontré en un ambiente que me agradó mucho más que el había conocido hasta entonces, y tuve oportunidad de comenzar a competir en pruebas de campo a través, alternadas con pruebas populares. Con el paso de las temporadas el calendario de competiciones fue creciendo, pasando por diferentes categorías, desde Infantil hasta Promesa de primer año, en la que corrí en Valladolid mi última prueba federada.


Las lesiones y el comenzar a trabajar a turnos me obligaron a apartarme de todo lo que tuviera que ver con los dorsales y a centrarme, primero, en recuperarme de los dolores y, posteriormente, a intentar correr con continuidad, algo que no conseguí hasta bien entrado el año 2019. Desde entonces, tan sólo los parones por la pandemia (confinamiento inicial otro por ser positivo en Covid) y un accidente de tráfico me han tenido apartado. Un balance que, para haber pasado seis años, creo que no está mal del todo. Pero mentiría si negara que el “fantasma” de las competiciones no me persigue, y han sido (y siguen siendo) muchas las ocasiones en la que no me he atrevido a forzar más por miedo a volver a hacerme daño y tener otro periodo de “querer y no poder”, como fueron esos dos años.


Como es lógico, con entrenamientos basados en mucha carrera continua sin introducir nada de intensidad, los ritmos primero comenzaron a estancarse para, posteriormente, comenzar a empeorar, llegando al punto en el que estoy ahora, cuando los rodajes me están saliendo un minuto o minuto y poco por kilómetro más lento en comparación a lo que manejaba hace ocho o diez años. Y, sin prácticamente colgarme un dorsal. Y es que, desde la media maratón de Ávila de 2019, creo que me he puesto en una línea de salida no más de tres o cuatro veces, que, teniendo en cuenta que han pasado casi seis años, no es gran cosa.


Mentiría si dijera que no echo de menos la competición. En realidad, fue lo que me motivó en su día a comenzar a practicar atletismo, aunque luego en estos cinco o seis años sólo rodando haya disfrutado bastante. Motivado por ello, el verano pasado me animé a intentar programar de nuevo una temporada atlética. No con el objetivo como tal de retomar las competiciones a nivel federado, pero sí de salir de esta situación y, poco a poco, “coger ritmo”. Retomar, con mucho cuidado, sesiones de cambios de ritmo, cuestas y demás, alternando ésto con alguna competición, y poco a poco, aprovechar los meses para, al menos, intentar recuperar algo de lo perdido a lo largo de estos años. Incluso me animé a “fichar” por el Benavente Atletismo, un club de atletismo “tradicional”, de cross, pista y asfalto, Sin embargo, muchas veces las cosas no salen como planeamos o como nos gustaría, y terminó siendo una de las temporadas más desestructuradas que he vivido en estos casi dieciséis años en este mundillo.


Entre mayo y junio, viendo cómo habían sido los meses previos, opté por dejar pasar julio y agosto para “correr por correr”, sin pensar en nada más, y a partir de septiembre reestructurar los entrenamientos y, poco a poco, hacer todo lo que tenía que haber hecho entre septiembre de 2024 y junio de 2025 y que, por motivos varios, no hice. A falta de, aproximadamente, un par de semanas para que llegue la fecha marcada, de vez en cuando me vuelven a surgir las dudas de si realmente merece la pena volver a todo aquello de lo que un día las lesiones, fundamentalmente, me apartaron. Unos pensamientos que intento evitar, pero que siguen ahí.


Y es que, en cierta medida, más que un “regreso”, es un intento de salir de un proceso en el que llevo metido demasiado tiempo y que me ha llevado a ser un “trotón”. Que, ojo, que de malo no tiene nada, ¿eh? No quisiera yo quedar aquí ahora como un prepotente. Ni mucho menos. Como digo, lo único que busco es intentar mejorar los ritmos que manejo, empezar a participar en competiciones con más regularidad (dentro de lo que los turnos de trabajo lo permitan, claro) y disfrutar. Aunque ahora no lo parezca, en su momento sí llegué a hacer competiciones de ocho-diez kilómetros en torno a 3’30-3’40, e incluso llegué a correr un cross del Ajo en Zamora en torno a 3’10, en el año 2013. Son ritmos, sobre todo los de 3’10, a los que veo muy difícil llegar sin que el chasis se me queje, pero, entrenando con cabeza y aceptando que debo tener cuidado con ciertas zonas que están tocadas de lesiones antiguas, me gustaría ver hasta dónde puedo llegar.


Y un poco, éste el motivo principal por el que me animo a volver a un blog. Utilizar este espacio como un pequeño “diario” en el cual ir contando cómo van los entrenamientos y las posibles competiciones en las que vaya a participar, aunque también me gustaría incluir alguna que otra opinión sobre material o ese “postureo de Instagram” que tan poco me gusta. Sí quisiera ir actualizando este blog con cierta frecuencia, sin dejar grandes espacios entre y una entrada. Al final, y como siempre digo, escribir es una forma de expresarme que me resulta muy agradable, y seguro que volver a hacerlo de manera regular es algo que me puede beneficiar. Y si, además, lo hago sobre aquello que me gusta, mucho más.


No quisiera cerrar esta primera entrada sin agradecer a mis padres que no me pusieran trabas para hacerme atleta, algo a lo que les estaré inmensamente agradecido. Porque, no, lo que he vivido como corredor nunca lo hubiese vivido como ciclista, por mucho que algunos se hayan empeñado en decirme lo contrario. Tampoco quisiera olvidarme de Teo de las Heras ni de Bernardo Cabañas, ya que gracias a ellos me aficioné a este deporte. Y, por supuesto, mencionar al Benavente Atletismo, por haberme permitido ser uno más de ellos. Esta última temporada tan sólo corrí las medias de Toro (enero) y Zamora (marzo), con unos papeles bastante discretos, y de su parte sólo recibí palabras de ánimo y de que todo, tarde o temprano, empezaría a mejorar.


Y en ello estamos.


Reestructurando

Por fin, y después de demasiado tiempo intentándolo, vuelvo a sentarme frente al ordenador para juntar unos cuantos párrafos. Reconozco que...